Miedos en la infancia

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Los miedos en la infancia se caracterizan como una preocupación persistente, excesiva o irracional, que ocurre ante la presencia de un objeto o situación específica o ante la anticipación de la misma. 

El intenso temor se manifiesta mediante respuestas de nuestra mente (cognitivo) y de nuestro cuerpo (físico). 

Con la presencia de aquello que temen, se incrementa la activación, hay cambios corporales como un aumento del ritmo cardíaco, sudoración

de la piel, de la tensión muscular y respiración acelerada.

 A nivel mental, cognitivo irrumpen en el niño/ la niña pensamientos e imágenes mentales negativas, en los que se concibe el estímulo como amenazante y la capacidad de afrontamiento insuficiente. Para interrumpir la interacción con lo que temen, suele llevarse a cabo respuestas de escape que tratan de reducir su malestar. 

Por ejemplo, si tiene miedo a los ruidos fuertes ( fonofobia) va a intentar evitar situaciones donde estos se produzcan. 

Otras veces, intenta impedir el contacto con la situación u objeto temido mediante

respuestas de evitación. Por ejemplo, no acudir a una fiesta para evitar escuchar sonidos que le producen malestar. 

Cuando las respuestas de evitación y escape no son posibles, puede manifestar su malestar con alteraciones comportamentales, como por ejemplo rabietas o pataletas, llanto, malestar estomacal, mareo y otros.

En algunas condiciones el niño/ la niña puede asociar estímulos que antes no le producían malestar con aquello que le da miedo, por ejemplo vestirse para un día de fiesta ya le puede producir miedo y rechazo a salir de casa.

El refuerzo positivo (no salir, prestar demasiada atención) a las quejas del niño/la niña para no salir de casa, o por el contrario regañarlo/a, llamarle 

miedoso/miedosa …y el refuerzo negativo que obtiene al evitar el malestar que le produce la situación, contribuye a la adquisición de un miedo más complejo. 

Si además la información que recibe es negativa, escuchando por ejemplo la experiencia de alguien que haya sufrido algún percance por el ruido o por algún petardo, aumenta todavía más la probabilidad de que rechace con intensidad exponerse a algunos ruidos fuertes.

Los tratamientos psicológicos para los miedos infantiles con más apoyo y más utilizados constan de modificación de los pensamientos irracionales,  exposición de manera gradual ( poco a poco), la práctica reforzada, el modelado y el entrenamiento en auto instrucciones, de esta manera disminuyendo la respuesta de miedo ante el estímulo que lo produce.

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